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Diario Criterio – ¿Qué ocurrió en la etapa en la que Nairo le arrebató el Giro a Rigo en 2014?

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El próximo 23 de enero estará disponible en las librerías del país ‘¡Colombia es pasión!’, el libro en el que el periodista Matt Rendell destaca a “la generación de ciclistas que cambió a Colombia y al Tour de Francia”. Diario Criterio comparte el fragmento del capítulo sobre el Giro de Italia de 2014.

El 17 de abril del 2014 murió Gabriel García Márquez en Ciudad de México. El autor de Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, entre otras obras maestras de un estilo que llegó a conocerse como realismo mágico, pero que en realidad era la concentración de todo lo colombiano, murió a los ochenta y siete años. Es cierto que había vivido en el extranjero desde la década de 1960 y que la enfermedad de Alzheimer había devastado su extraordinaria mente, pero cuando el presidente Santos lo llamó “el colombiano más grande que haya existido”, casi nadie estuvo en desacuerdo. Su muerte eliminó una figura unificadora dentro de una nación polarizada.

Catorce ciclistas colombianos llevaron el luto de su nación al Giro en mayo y le dieron a su país su mejor actuación en una carrera por etapas, sin importar que los fanáticos estuvieran divididos entre Nairo Quintana y Rigoberto Urán. El país estaba dividido en casa también.

Con Ecuador al sur y Venezuela al oriente, Colombia estaba acorralada por regímenes de izquierda indulgentes con las FARC. Los presidentes Hugo Chávez y, después de su muerte en 2013, Nicolás Maduro, habían logrado poner de rodillas a Venezuela, rica en petróleo, pero seguían siendo aliados potenciales de las FARC y rara vez dejaban pasar una oportunidad para agravar los problemas de Colombia. Cuando el expresidente Uribe se convirtió en senador en marzo del 2014, empezó su primer discurso: “Estamos aquí para enfrentar el riesgo del castrochavismo”.

El término, acuñado por la oposición venezolana, jugó con los temores generalizados en Colombia. Incitados por informes falsos en las redes sociales, muchos llegaron a creer que el líder de los paramilitares, el sediento de sangre Carlos Castaño, había estado actuando bajo el mando directo del presidente Uribe, o que el presidente Santos era en realidad un infiltrado guerrillero conocido como alias Santiago.

***

El 22 de mayo Rigoberto ganó la contrarreloj individual de Bardonecchia a Barolo y se convirtió en el primer colombiano en vestir la maglia rosa de líder del Giro, o la camiseta rosada. Nairo terminó la etapa en sexto lugar en la general, a un segundo de los tres minutos y medio del ritmo de su compatriota. Había tenido una gripa y una infección en un oído, si bien durante el penúltimo fin de semana del Giro había mostrado signos de recuperación. En la decimocuarta etapa a Oropa, recuperó veinticinco segundos sobre Urán. Al día siguiente, en Montecampione, recuperó veinte más. Aun así arrancó la decimosexta etapa, que iba desde Ponte di Legno al pie del monumental Passo di Gavia, hasta Val Martello en el parque nacional Stelvio, a dos minutos y cuarenta, en un lejano quinto lugar en la general.

Era la etapa que Nairo había estado esperando: corta, de ciento treinta y nueve kilómetros, tremendamente montañosa y después de un día de descanso tan frío y húmedo que muchos ciclistas no se atrevieron a salir. Nairo había pasado gran parte del día en cama, recuperándose de su enfermedad y de un golpe en la cadera que había sufrido la semana anterior.

Una etapa que iba por la misma ruta (al norte hasta el puerto de Gavia, al oriente y hacia arriba hasta el imponente
Stelvio, a 2758 metros sobre el nivel del mar, antes de completar la herradura en una subida final de 22,35 kilómetros hasta el elevado valle de Val Martello o Martelltal) había sido cancelada el año anterior debido al frío. Esta vez volvió a hacer frío y había humedad al inicio de la etapa, además de una cierta incertidumbre acerca de si se podría desarrollar como estaba previsto.

Nairo les dijo a sus compañeros: “Por lo que a mí respecta, se hace, yo voy a correr, y ustedes también. Este es el día en el que ganamos el Giro d’Italia. Esta etapa es nuestra”.

En el Gavia atacaron tres colombianos: Chalapud, Pantano y Arredondo. Detrás de ellos los compañeros de Nairo ponían el ritmo.

Siete kilómetros antes de la cima los compañeros de Urán, Thomas de Gendt y Serge Pauwels, perdieron terreno. Su equipo ya se había empezado a desmoronar.

Aproximadamente a las tres y quince de la tarde, con el grupo maglia rosa a seis kilómetros de la cima del Stelvio, el radio de la carrera daba indicaciones. La parte superior del paso estaba cubierta por una espesa niebla helada, por lo que las motocicletas de la organización de la carrera señalarían las posiciones de las primeras seis curvas en herradura con banderas rojas. Mientras esas banderas estuvieran afuera, no se podría adelantar. El mensaje en italiano no hacía ninguna referencia a una neutralización de carrera; es posible que las traducciones en inglés y francés lo hayan hecho, si bien no existe ninguna grabación. La página de la carrera en Twitter ciertamente lo hizo, pero no era un canal oficial de información.

La nieve empezó a caer sobre los corredores a 3,3 kilómetros de la cima. El frío se intensificó. Mientras el pelotón se acercaba a la punta de carrera, Dario Cataldo del Team Sky atacó desde el grupo delantero. Arrieta había puesto a su personal de apoyo a un kilómetro y medio antes del paso, para equipar a sus corredores con ropa para el frío. A Gorka Izagirre se le encargó que se asegurara de que Nairo estuviera bien alimentado y vestido adecuadamente para el descenso.

En la cima, a 68,7 kilómetros del final de la etapa, Cataldo cogió los puntos de montaña y siguió adelante. El corredor francés Alexandre Geniez se detuvo en el paso para ponerse una gruesa chaqueta de invierno. Los ciclistas del AG2R Alexis Vuillermoz y Hubert Dupont persiguieron a Cataldo, posicionándose para ayudar a su compañero de equipo Domenico Pozzovivo, a solo dos segundos de Nairo en la clasificación general, en el valle abajo, mientras Pantano atrapaba a Vuillermoz y Dupont en el descenso y continuaban juntos.

El escalador francés Pierre Rolland, quien había empezado la jornada octavo en la general, a cuatro puestos y dos minutos veintisiete segundos por detrás de Nairo, iba de noveno y se lanzó en el descenso. Muy por delante de él, Cataldo arrasaba con cada curva. Durante unos minutos no hubo imágenes de la carrera.

Como cuenta Arrieta:

Gorka Izagirre se detuvo en la montaña para ponerse ropa abrigada. Se puso detrás del grupo y empezó a narrar por radio lo que veía en su descenso:

—Acabo de pasar a tal, estaba congelado. Acabo de pasar a tal otro, estaba destrozado.
—¿Y dónde está Nairo?
—Más adelante.
—Le dije: “Tira en el valle y Nairo hará el ascenso solo”.

A mitad de camino Gorka se acercó a Nairo y le dijo: “Vamos. Están acabados”.

Los helicópteros de televisión revoloteaban bajo las nubes, a la espera. A diez kilómetros en el descenso apareció un grupo de siete corredores. Allí estaba Nairo con dos compañeros: Izagirre y Andrey Amador. No había motos ni banderas rojas. Si había habido algún tipo de neutralización claramente ya no seguía.

La cámara del helicóptero se desplaza hacia arriba. El líder de la carrera, Rigoberto Urán (notorio por la cinta rosa del manubrio) está a dos curvas, o a solo cuarenta y cinco segundos por detrás. Quedan 57,5 kilómetros de etapa.

A las tres y cincuenta y ocho de la tarde, cuando el líder de etapa, Cataldo, llevaba descendiendo unos doce kilómetros, el Twitter de la carrera emitió una corrección:

Comunicazione sbagliata: nessuna neutralizzazione della discesa dallo Stelvio. Scusateci per l’informazione sbagliata. Grazie. #giro.

Comunicación errónea: no hubo ninguna neutralización en el descenso del Stelvio. Disculpen la información incorrecta. Gracias. #giro 15:58–27 de mayo de 2014.

Amador se había quedado en el descenso. Al final de la bajada, con cuarenta y cuatro kilómetros restantes, Nairo y Gorka Izagirre seguían adelante con el ganador del Giro del 2012 Ryder Hesjedal (undécimo en la general a seis minutos cuarenta y cuatro segundos), Pierre Rolland y Romain Sicard, compañeros franceses del Europcar, y Matteo Rabottini, el Rey de las Montañas de hacía dos años.

Con 40,5 kilómetros por recorrer, Cataldo lidera con 44 segundos sobre Vuillermoz, Dupont y Pantano, con el grupo de Nairo a 1 minuto y 21 segundos más atrás. La brecha crucial entre Nairo y la maglia rosa es de dos minutos exactos: Urán sigue liderando la general por cuarenta segundos. Siete kilómetros más tarde, a pesar del trabajo de los dos gregarios, Izagirre y Sicard, la diferencia se ha reducido a un minuto cincuenta. Cuando el grupo de Nairo atrapa a Vuillérmoz, Dupont y Pantano, quedan veinticinco kilómetros de etapa. Sicard, acabado, se queda. Izagirre toma el relevo en la parte delantera durante cinco kilómetros más.

La última subida comienza con 22,35 kilómetros por recorrer, con una pendiente poco exigente del 3,4 por ciento. A 21,8 kilómetros de la meta, al pie de la subida final, la ventaja es de 1 minuto con 42 segundos.

A veinte kilómetros del final, Gorka Izagirre ya ha dado todo lo que ha podido. Dejándolo en el camino, Pantano se hace cargo de la punta, corriendo por su antiguo compañero de equipo. Mientras tanto, al frente del grupo maglia rosa, Urán no tiene más gregarios y el de Aru, Mikel Landa, es quien marca el ritmo.

Nairo se pone al frente de su grupo con 18,9 kilómetros por recorrer. Aparte de dos breves intermedios, correrá el resto de la etapa en la delantera, sabiendo que sus compañeros de fuga, esperando una victoria de etapa, no cooperarán. Inexpresivo, absorto en su tarea, avanza como si fuera solo. Cataldo es atrapado con diecisiete kilómetros restantes en la etapa.

A 13,7 kilómetros del final, la ventaja de Nairo sobre la maglia rosa se ha reducido a 1 minuto con 33 segundos. Urán está en medio de un gran grupo perseguidor que incluye a Pozzovivo y a sus compañeros de equipo, Dupont y Vuillermoz, quienes trabajan al frente del grupo. Todavía tiene sesenta y siete segundos de ventaja en la carrera.

A partir de ese momento, Nairo le gana unos diez segundos por kilómetro al grupo maglia rosa.

12 km para el final: 1m 53s.
11 km: 2 min 03 s.
10 km: 2 min 16 s.
9 km: 2 min 26 s.
8 km: 2 min 35s.

Rigo se pasa al frente de su grupo, con Kelderman a su rueda.

7 km: 2 min 37 s (si bien los cambios pueden haber confundido al sistema de cronometraje automático).
6 km: 3 min 10 s. Por primera vez Nairo lidera la carrera en la general.
5,3 km: en una curva pronunciada a la izquierda, Rolland, quien ya no puede seguir el paso de Nairo, pierde contacto.
5 km: 3 min 19 s.

Faltan 4,3 km: en un tramo llano junto a un lago, aparece por primera vez Hesjedal y Nairo se monta a su rueda.

4 km: 2 min 56 s (de nuevo es posible que el sistema de cronometraje automático no haya funcionado bien en este momento).
3 km: 3 min 15 s.
2 km: 3 min 16 s.
1 km: 3 min 18 s.

En el tramo más duro de la subida, con una pendiente de 11,2 por ciento, Nairo se para sobre los pedales y se aleja de Hesjedal. Con la cabeza abajo corre hacia la línea de meta.

Hesjedal termina ocho segundos después de Nairo. Rolland cruza la línea más de un minuto después. Y luego, durante dos minutos, nada.

Tras esto, Kelderman, Pozzovivo y Aru. Luego, durante otro medio minuto, nada.

Después Rafał Majka y, un par de lugares detrás de él, Rigoberto Urán. Cruza la meta cuatro minutos y once segundos después de Nairo. La maglia rosa perdió 3 minutos y 4 segundos en los 13,7 kilómetros finales de la etapa, incluidos 53 segundos solo en el kilómetro final.

Sumando los diez segundos de bonificación otorgados al ganador de la etapa, Nairo entonces lideraba la carrera por un minuto y cuarenta y un segundos. Sin embargo, su brillante actuación se vio ensombrecida y menospreciada por algunos debido a la controversia de la neutralización.

Terminada la etapa, Arrieta se dirigió directamente al presidente de los comisarios: “¿Qué dijo allá arriba? No dijo nada sobre neutralizar la carrera. Dijo que había motocicletas, ¿verdad? Mis corredores no pasaron ni a una sola”.

Al día siguiente una delegación de la Asociación Internacional de Equipos Ciclistas Profesionales (AIGCP) se reunió con los organizadores de la carrera y los comisarios para exigir que la ventaja de Nairo se redujera con el tiempo que ganó en el descenso del Stelvio. La UCI rechazó su solicitud, observando en un comunicado de prensa que la intención de los organizadores de la carrera de poner las motos delante de cada grupo en el descenso era evidentemente para garantizar la seguridad de los corredores. “La decisión —dijeron— debió haber sido aprobada por los comisarios y comunicada de manera más eficiente a los equipos”, pero los resultados se mantendrían.

Las conversaciones sobre un boicot se esfumaron: la AIGCP emitió un comunicado de prensa en el que decía: “Por respeto a los aficionados y al mundo del ciclismo los equipos han decidido participar en la etapa de hoy”.

El comentario de Nairo fue simple: “La organización dijo que la carrera no había sido neutralizada. Había ciclistas delante de mí y nadie redujo la velocidad”. Sus detractores, dijo, estaban “montando una historia que no era real”.

Arrieta se retuerce las manos y dice: “Me enfurece que la gente haya tratado de desacreditar lo que logró Nairo”.

La decimonovena etapa, la contrarreloj de montaña que iba desde Bassano del Grappa hasta el memorial militar en la cima del Monte Grappa, fue también para Nairo, quien sumó un minuto y veintiséis segundos a su ventaja sobre Rigoberto.

El primero de junio del 2014, Nairo se convirtió en el primer colombiano desde Lucho Herrera en ganar una vuelta de tres semanas, y el primero en ganar el Giro d’Italia. Rigoberto Urán se aseguró de que los ciclistas colombianos subieran a los dos escalones más altos del podio. Entre Nairo, Rigo y Julián Arredondo se habían llevado cuatro victorias de etapa. Fabio Duarte había terminado de segundo en dos etapas, con Jarlinson Pantano de tercero en otra.

El más colombiano de todos los Grand Tours proporcionó cierta distracción a una nación que lamentaba la pérdida de Gabo y estaba dividida entre Santos y Uribe. Y aunque algunos estaban descontentos con la organización de la carrera, Rigoberto Urán se mostró, como siempre, con gracia en la derrota.

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